• cuso "hablar en público"

    Impartido este mes de junio por Ana Ma. Martínez se está celebrando en la sala polivalente de la BPV. Muy apoyado por el proyector pero contando además con una buena profesora resulta convincente y agradable. Los que nos hemos apuntado somos muy diferentes en edad y situación laboral pero, creo, que nos vamos y vemos bien. Es una experiencia que invita a utilizar tus propias aptitudes, que puede que las tengas muy escondidas, ignoradas o que no las hayas explotado.

  • Taller de lectura con Paul Auster

    El miércoles 17 de junio a las 19,00H, se comentará el libro de Paul Auster "Brookyn follies".

    Nathan Glass ha sobrevivido a un cáncer de pulmón y a un divorcio después de tres décadas de matrimonio, y ha vuelto a Brooklyn, el lugar donde pasó su infancia. Hasta que enfermó era un vendedor de seguros; ahora que ya no tiene que ganarse la vida, piensa escribir El libro del desvarí­o humano. Contará todo lo que pasa a su alrededor, todo lo que le ocurre y lo que se le ocurre... Poco a poco, Nathan irá descubriendo que no ha venido a Brooklyn a morir, sino a vivir.

  • Pemio Cevantes 2009


    Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señora Ministra de Cultura, Señor Rector de la Universidad de Alcalá de Henares, autoridades estatales, autonómicas, localesy académicas, amigas y amigos, señoras y señores.

    Quisiera ante todo expresar mi agradecimiento a los miembros del jurado y a todas aquellas instituciones y personas que hacen posible, año tras año, el Premio de Literatura en lengua castellana Miguel de Cervantes. Me preceden, en lo más cercano de una larga lista de nombres ilustres, dos grandes poetas que admiro, Antonio Gamoneda y Juan Gelman, celebrados aquí en 2006 y 2007, y siento como si la poesía me tendiera la mano. Así que no podía esperar mejores valedores ni mejor acogida.

    Porque la verdad es que yo nunca me vi donde ustedes me ven ahora. Los que me conocen saben que me da bastante apuro hablar en público. Créanme si les digo que el otro día, en Barcelona, antes de emprender viaje, tentado estuve de entrar en casa de don Antonio Moreno, que guarda la cabeza encantada y parlante desde los tiempos en que don Quijote y Sancho visitaron la ciudad, y traerme esa testa para que hablara hoy en mi lugar. A buen seguro que habría dicho palabras más sabias y de más provecho que las mías.

    Sin embargo, la ilusión de recibir el premio que tan generosamente se me otorga se ha impuesto, venciendo las aprensiones. Sé lo que representa tan alta distinción y a lo que ella me obliga en el futuro. Aquí, ahora, se me ofrece también la oportunidad de exponer algunas consideraciones sobre mi persona y mi trabajo, pero antes quisiera, con su permiso, ampliar el capítulo de agradecimientos, evocando el recuerdo de algunos amigos que hace mucho tiempo, cincuenta años atrás, cuando empecé a publicar, me otorgaron su confianza y su apoyo. Algunas de estas personas están entre nosotros, otras se fueron ya. A todas ellas debo buena parte del alto honor que hoy se me concede. Son, en primer lugar, Paulina Crusat, desde su amada Sevilla y su generosa tutela, y desde Barcelona Carlos Barra1 y Víctor Seix, que en mil novecientos cincuenta y nueve me acogieron en su editorial, al frente de un irrepetible comité de lectura. Aquel comité estaba compuesto por Joan Petit, Jaime Gil de Biedma, Jaime Salinas, Gabriel y Juan Ferrater, Luis y José Agustín Goytisolo, José M" Valverde, Josep Mª. Castellet, Miquel Barceló, Rosa Regas y Salvador Clotas. Y no quiero olvidarme de los escritores amigos de Madrid, que por aquellos años nos visitaban a menudo, mis entrañables Juan García Hortelano, Ángel González y Pepe Caballero Bonald, y Gabriel Celaya y Juan Benet.

    Y de manera muy especial deseo mencionar a Carmen Balcells, mi agente literaria de toda la vida, de ésta y la de más allá, sobre todo desde el día que tomé prestada una ocurrencia de Groucho Marx y le dije: Querida Carmen, me has dado tantas alegrías, que tengo ordenado, para cuando me muera, que me incineren y te entreguen el diez por ciento de mis cenizas.

    Antes de conocer a estas personas, que habrían de ser tan importantes en mi vida, yo no había tratado a nadie que tuviera que ver con la literatura, o con el mundillo literario. Prácticamente no había salido del taller de joyería de mi barrio, en el que entré como aprendiz a los 13 años, y me apresuro a decir que muy contento, pues la necesidad de llevar otro jornal a casa me liberó de un fastidioso colegio en el que no me enseñaron nada, salvo cantar el Cara al Sol y rezar el rosario todos los días. Y cuando publico los primeros relatos en la revista Ínsula y la primera novela en Seix Barral, sigo en ese taller. Por cierto que mis credenciales sociales y laborales, al darme a conocer en aquel estupendo grupo editorial, suscitaron ciertas expectativas, no estrictamente literarias, sino más bien ideológicas, asociadas a las premisas de un realismo social muy en auge por aquellos años. Fue algo presentido: nadie habló nunca de ello, pero flotaba en el aire la idea, la posibilidad de que el recién llegado a la trinchera noble de las letras aportara una narrativa de denuncia, un testimonio objetivo y de primera mano de los afanes y las virtudes intrínsecas de la clase obrera.

    Yo podía quizás haber sido, lo digo sin un ápice de sarcasmo, el "escritor obrero" que al parecer faltaba en el prestigioso catálogo de la editorial. Halagadora posibilidad que a su debido tiempo, la fábula de un joven charnego del Monte Carmelo, desarraigado y sin trabajo, soñador y sin medios de fortuna, pero también sin conciencia de clase, se encargaría de desbaratar. Confieso que no me habría disgustado satisfacer aquellas expectativas, entregar la gran novela sobre la clase obrera de la Barcelona de la postguerra. Pero lo que yo entonces deseaba de verdad, era abandonar el trabajo manual y disponer de más tiempo libre para leer y escribir.

    Aquellos años de paciente trabajo artesanal en el taller podrían haberme dejado unos hábitos que, me gusta pensarlo, persisten al componer un texto. Pero la cocina del escritor nunca me ha parecido un sitio muy cómodo para recibir visitas. No me siento a gusto manejando teorías acerca de la naturaleza o la finalidad de la ficción. Para la famosa pregunta: ¿qué entendemos hoy por novela?, dispongo de mil famosas respuestas, que nunca, a la hora de ponerme a trabajar, me han servido de gran cosa. No me considero un intelectual, solamente un narrador. Los planteamientos peliagudos, la teoría asomando su hocico impertinente en medio de la fabulación, el relato mirándose el ombligo, la llamada metaliteratura, en fin, son vías abiertas a un tipo de especulación que me deja frío y me inhibe; bastante trabajo me da mantener en pie a los personajes, hacerlos creíbles, cercanos y veraces.

    Con respecto al trabajo mantengo algunos principios, pocos, que bien podrían resumirse en dos: procura tener una buna historia que contar, y procura contarla bien, es decir, esmerándote en el lenguaje; porque será el buen uso de la lengua, no solamente la singularidad, la bondad o la oportunidad del tema, lo que va a preservar la obra del moho del tiempo. Ciertamente es un utillaje del que no puede uno presumir. Porque el oficio comporta, por supuesto, otras obligaciones y menesteres.

    Alguna vez he reflexionado sobre el asunto, pero no he llegado muy lejos; sobre la persistencia de la vocación, por ejemplo, en tiempos de silencio, o sobre el imperioso dictado de la memoria y sus laberintos.

    Veamos si consigo explicarme.

    En el origen de la vocación, allá por los años cuarenta del siglo pasado, habría en la imaginación del aprendiz de escritor un famoso esqueleto de leopardo sobre las nieves del Kilimanjaro, una imagen germina1 que evoca una senda recorrida, de la cual, sin embargo, no queda ningún rastro, ninguna huella. Sería algo parecido al recorrido del Minotauro en su laberinto. Nadie sabe si el monstruo podrá salir, si recuerda el trazado de su propia obra, los oscuros motivos que le indujeron a su construcción, y los meandros y detalles de su intríngulis. Nadie sabe si, en realidad, es prisionero de su obra. Sabemos, eso sí, que Teseo ha sido lo bastante ingenioso para tender un hilo que le permite rehacer el camino y salir. Pues bien, ese hilo, ese ingenioso ardid, no sería otra cosa que el relato literario, la forma inteligible que desvela la personal arquitectura monstruosa, al fondo de la cual se esconde el terrible constructor, con sus sueños y obsesiones, su verdad y sus quimeras. El escritor, en fin. Él es, a la vez, los despojos del remoto leopardo y el urdidor del trazado inextricable que lo encierra herméticamente en su propia obra. Frente a este misterio, o tal vez sería mejor decir frente a este galimatías, a tenor de la confusa exposición que temo haber hecho, siempre me reconfortó recordar algo que dejó dicho el gran poeta, y controvertido ciudadano, Ezra Pound: El esmero en el trabajo, el cuidado de la lengua, es la única convicción moral del escritor.

    Lo suscribo, pero con la mayor cautela. Porque pienso que muchas cosas que se dicen o escriben, en el idioma que sea y por muy auténtico que éste se presuma, deberían a menudo merecer más atención y consideración que la misma lengua en la que se expresan. Actualmente los medios de comunicación son tan abrumadores y omnipresentes, se siente uno tan asediado las 24 horas del día por una información tan apremiante, insidiosa y reiterativa, que casi no hay tiempo para la reflexión. La televisión debería contribuir a reconocer y asumir la variedad lingüística del país, y es de suponer que en cierta medida lo hace, pero no parece que nadie se pare a pensar en los contenidos de esa televisión ni en su nefasta influencia cultural y educativa. A riesgo de equivocarme, soy del parecer que más de la mitad de lo que hoy entendemos por cultura popular proviene y se nutre de lo que no merece ser visto ni oído en la televisión. En la lengua que sea.

    Como saben ustedes, soy un catalán que escribe en lengua castellana. Yo nunca vi en ello nada anormal. Y aunque creo que la inmensa mayoría comparte mi opinión, hay sin embargo quién piensa que se trata de una anomalía, un desacuerdo entre lo que soy y represento, y lo que debería haber sido y haber quizá representado. Dicho sea de paso, desacuerdos entre lo que soy y lo que podría haber sido en esta vida, como escritor y como simple individuo, tengo para dar y tomar, o, como decimos en Cataluña, per donar i per vendre. Mis apellidos, de no mediar el azar, podían haber sido diferentes, y mi vida también. Y puestos a elegir, la verdad es que yo hubiese preferido ser Ramón Llul o Miguel de Cervantes, por ejemplo, o Joseph Conrad, aquel marino polaco que, finalmente, escribió en inglés. En todo caso, con el nombre que tengo, con éste o con cualquier otro, nunca he querido representar a nadie más que a mí mismo.

    Añadiré dos o tres cosas acerca de mi formación como ciudadano y como escritor. La dualidad cultural y lingüística de Cataluña, que tanto preocupa, y que en mi opinión nos enriquece a todos, yo la he vivido desde que tengo uso de razón, en la calle y en mi propia casa, con la familia y con los amigos, y la sigo viviendo. Puede que comporte efectivamente un equívoco, un cierto desgarro cultural, pero es una terca y persistente realidad. Y el realismo, además de una sensata manera de ver las cosas, es una corriente literaria muy nuestra, y que aún goza de un sólido prestigio, pese a los embates de la caprichosa modistería. En fin, no quiero instalarme en la identidad cultural para dar lecciones a nadie, y tampoco pretendo hacer aquí una defensa excesiva del realismo.

    Pero, como dijo Woody Allen en una de sus buenas películas, el realismo es el único lugar donde puedes adquirir un buen bistec. Quizá no estaría de más tenerlo en cuenta. No voy a enumerar las anomalías que por imperativo histórico sufrió el aprendiz de escritor. Y la más determinante no fue aquella escuela inoperante y beatorra de la dictadura, la del lema Por el imperio hacia Dios, escuela donde ciertamente se prohibió leer y escribir catalán, y hasta hablarlo en horas de clase. No, no fue sólo por eso que un buen día me encontré manejando una lengua, y no la otra; fueron los tebeos y los cuentos que leíamos, las aventis que nos contábamos y las películas, las de amor y las de risa, y todo aquello que iba conformando nuestra educación sentimental, las poesías y el teatro de aficionados, las canciones de amor y las primeras novelas, ya no solo las de aventuras, de Julio Verne o Emilio Salgari, sino las de Baroja, Dickens, Balzac, o los cuentos de Maupassant y de Hemingway, o los versos de Gustavo Adolfo Bécquer y de Rubén Dario. Fue el vuelo solitario de la imaginación en los primeros tanteos de la escritura, cuando todavía el aprendiz de escritor no se propone reflejar la vida, porque la realidad no le interesa ni la entiende, y 10 que hace es imitar y copiar a los autores que lee, es entonces cuando, de manera natural y espontánea, la lengua que se impone es la predominante, la de los sueños y las aventis, la lengua en la que uno ha mamado los mitos literarios y cinematográficos, la que ha dado alas a la imaginación.

    Después, en plena adolescencia, don Quijote irrumpe en mi vida por mediación de un convecino, un gallego, vendedor ambulante de libros y enciclopedias, empeñado en colocarme un lote de novelas de Vicki Baum y Louis Bromfield, a pagar en cómodos plazos. Debo hacer constar que en casa de mis padres, en la postguerra, apenas había una docena de libros. Antes hubo muchos en lengua catalana, según mi madre, pero, después de una purga preventiva por razones de seguridad, sólo quedaron dos.

    La purga la efectuó mi padre, que había estado preso por rojo separatista y republicano. Uno de aquellos dos libros era de Apel-les Mestres, con hermosas ilustraciones de hadas y ondinas; el otro era un viejo volumen que recogía la historia del pueblo de mi madre, titulado: ?Notes Històriques de la Parroquia i Vila de l´'Arboç, aplegades i comentades per Mossèn Gaietà Viaplana, rector de l´Arboç?. Pasé con él muchas horas entretenido. Los demás libros habían sido sacrificados en una hoguera nocturna, en el jardín de una convecina, junto con un montón de revistas gráficas, agendas y carnets, fotografías, cartas y documentos diversos, cuya posesión, por aquellos días, debía resultar comprometedora. Acudieron otros vecinos, todos traían algo que pensaban debía ser quemado.

    Era poco después de acabada la guerra, yo debía de tener siete años, pero recuerdo muy bien la fogata en medio del pequeño y sombrío jardín, los libros abriéndose al calor como flores rojas, las páginas desprendidas arrugándose y bailando sobre la cresta de las llamas, revoloteando un instante como grandes mariposas negras.

    Recuerdo la constelación de chispas y pavesas subiendo hacia la noche estrellada, la ceniza fugaz de las palabras y de las ilustraciones, sobre todo porque acabé pillando un gran berrinche al ver allí de pronto, devorado por el fuego, mi primer ejemplar de las hazañas del piloto Bill Barnes, el Aventurero del Aire, una novelita de quiosco de 60 céntimos, de la colección ?Hombres Audaces?. Mi padre la había cogido por descuido junto con otros libros. Entre los que quedaron en la pequeña librería casera, salvados porque eran en lengua castellana, y que pude leer a su debido tiempo,recuerdo cuatro o cinco títulos: El libro de la selva, Genoveva de Brabante, Tarzán de los monos, Humillados y ofendidos y La historia de San Michele.

    Cuando el Quijote entra en mi vida cumplo los 16, vivo en la barriada de la Salut, situada en lo alto de Gracia, cerca del parque Güell, y sigo en el taller. Años atrás había iniciado una intensa relación con la literatura de quiosco, y enseguida la amplié con autores que por aquel entonces, en los años cuarenta, gozaban de gran predicamento, como Somerset Maugham, Stefan Zweig, Knut Hamsun y otros. Y no tardé en descubrir a mis admirados Baroja y Galdós, a Dickens y a los grandes novelistas del XIX, que nunca me he cansado de leer. Pero la primera lectura completa del Quijote fue, por supuesto, una experiencia especial. Si recuerdo bien, al tercer intento lo leí de cabo a rabo. Tardes enteras de domingo sentado en los bancos ondulados del parque Güell, en el otoño del 49, bajo un sol rojizo y en medio de un griterío de niños jugando en la plaza entre nubes de polvo. Una lectura germinal. Y siempre que he revisitado el libro, esa impresión germinal ha persistido. En el corazón del caballero chiflado que no distingue entre apariencia y realidad, anida, como es bien sabido, el germen y el fundamento de la ficción moderna en todas sus variantes. Por supuesto, el lector adolescente no se paró a pensar en eso. Ninguna teoría le distrajo entonces de unas aventuras tan descomunales y descacharrantes, sujetas a tantos desencantos y amarguras, pero hoy le gusta pensar que algo percibió de aquel prodigio fundacional, del remoto primer deslumbramiento que supuso aquella lectura. Me refiero, y no pretendo descubrir nada nuevo, al asunto que articula la entera composición del genial libro, la temática medular de la que nacerá, según opinión general, la novela moderna. Lionef Trilling dijo que toda obra de ficción en prosa, es inevitablemente una variación del tema de Don Quijote. Por mi parte sólo puedo decir que, desde no sé cuánto tiempo, quizá desde aquellas tardes soleadas en el parque de Gaudí, de un modo u otro, consciente o no de ello, he buscado en toda obra narrativa de ficción un eco, o un aroma, de ese eterno conflicto entre apariencia y realidad, que de tantas maneras se manifiesta en el transcurso de nuestras vidas.

    Porque yo soy ante todo un lector de ficciones, un amante incondicional de la fabulación. Tan adicto soy a la ficción, que a veces pienso que solamente la parte inventada, la dimensión de lo irreal o imaginado en nuestra obra, será capaz de mantener su estructura, de preservar alguna belleza a través del tiempo. Una excesiva dosis de realidad puede resultar indigesta, incluso para un adicto a la realidad y al bistec como Sancho y como yo. Se trataría de ser algo más lanzados en esta cuestión, un poco locos, y admitir la posibilidad de que lo inventado puede tener más peso y solvencia que lo real, más vida propia y más sentido, y en consecuencia, más posibilidades de pervivencia frente al olvido. Como nos enseñó don Quijote.

    Desde su primera salida al campo de Montiel, o desde la primera de sus famosas hazañas, él es el guardián del laberinto, el valedor de lo más noble, bello y justo que alienta en el corazón humano, el que vela por el espíritu, la vigencia y el esplendor de los sueños.

    Debo referirme también, como complemento importante a una formación muy precaria, al cine y a sus queridos fantasmas. Porque cuando aún leía tebeos y novelas de Edgar Wallace y Karl May, el chico ya era muy peliculero, insoportablemente peliculero. Lo propició el hecho de que, durante cuatro años, entrara sin pagar en los cines de programa doble del barrio, y entonces había nopocos, gracias a que mi padre, por su trabajo en el Servicio Municipal de Higiene, Desinfección y Desratización de locales públicos, conocía a muchos porteros yacomodadores. Estoy por decir que gracias a las ratas de la Barcelona gris, penitente y mísera de los años cuarenta, el cine propició y redobló mi natural tendencia a la hipnosis ante cualquier género de fabulación. La facultad de embaucar, de fraguar ilusiones mediante imágenes, arraigó con el gusto por la lectura desde el primer momento, y, con el tiempo, pude celebrar las películas de John Ford, de Rossellini o de Mizoguchi, por ejemplo, con la misma o parecida intensidad que muchas novelas.

    Sabemos que algunas estrategias narrativas de la novelística contemporánea tienen su origen en el arte cinematográfico. Los Chaplin, Renoir, Lubitsch, Walsh, Lang, De Sica, Buñuel, Erice, Truffaut, Welles, Bardem, Berlanga y Azcona, Keaton o Hitchcock, por citar unos cuantos, nos hablaron de otra armonía posible entre los sueños y el mundo. Y en mi lista de personajes de ficción favoritos, Harry Lime y Viridiana son tan memorables como Julien Sorel o Ana Ozores. Cuando uno era todavía un mozalbete presumido, ir al cine era algo que formaba parte de la cultura popular, un rito semanal en el que participaba toda la familia, toda la comunidad.

    Descodificar el drama, la comedia o la aventura en las fotografías expuestas en el panel de la entrada de los cines, descifrar una sonrisa, un gesto, una mirada de los protagonistas, apartar luego las cortinas y penetrar en la oscuridad rasgada por una plata luminosa, era tan emocionante como adentrarse en la trama de una buena novela o memorizar un poema. A lo largo de más de tres décadas, desde los años veinte del mudo hasta mediados los sesenta, antes del auge y el abuso de la tecnología, el cine estableció con la novelística una alianza para intercambiar formas y contenidos, palabras sabias, mitos, una sensibilidad y una estética del gesto, y hasta unos hábitos de comportamiento. La novela asumió la impronta decididamente visual de la narrativa cinematográfica, el potencial simbólico de las imágenes y su cadencia, y el deseo de hacerle ver al lector lo que lee, que yo comparto, propició en la ficción literaria nuevas formas y tendencias.

    También la memoria histórica y sus vericuetos y espejismos, un asunto tan de actualidad, podría ser comparada a una cinta de celuloide sensible e inflamable, con su apagada voz en off: Hace casi cuarenta años, trabajando en una novela donde se abrían muchas puertas a la memoria personal y a sus espejos deformantes, tuve que parar porque no daba con el tono en el que debía ser contada la historia. Había que escoger la voz, o mejor dicho, las diversas voces que tramaban la historia. Y no encontré la solución hasta que recordé el juego de las aventis infantiles, y, sobre todo, hasta que vinieron en mi ayuda estos versos de Antonio Machado:

    En los labios niños las canciones llevan
    confusa la historia y clara la pena.

    Sabemos que el olvido y la desmemoria forman parte de la estrategia del vivir, tanto en la sociedad civil como en los estamentos del poder, sabemos que hablar de ello en nuestros días conlleva para muchos, todavía, una carga de dolor y resentimiento, suspicacias y malentendidos. "La memoria nos construye como seres morales", escribe José-Carlos Mainer, y añade: "pero también sabemos que es un hecho privado y mudable, fantasioso y mendaz". Hay una memoria compartida, que no debería arrogarse nadie, una memoria que fue durante años sojuzgada, esquilmada y manipulada. El lenguaje oficial había suplantado al lenguaje real. En la calle y en los papeles las palabras vivían bajo sospecha, muchas cosas parecían no tener nombre, porque nadie jamás se atrevía a nombrarlas, otras se habían vuelto decididamente equívocas y apenas podía uno reconocerlas. Las palabras acudían medrosas, emboscadas, traicionando el sentido al que se debían. Afectadas por el expolio y el descrédito, sometidas a la censura y al escarmiento, o destinadas a la impostura, de pronto perdían su referente, enmascaraban su verdadero sentido y cambiaban de significado. Entre las pomposas palabras que entonces nos caían desde los balcones y despachos oficiales, desde el cuartel y desde el púlpito, entre esas palabras fraudulentas y las palabras que la gente intercambiaba en la calle, en el trabajo y en casa -palabras de familia gastadas tibiamente, según testimonio del poeta-, había un abismo.

    Este desacuerdo entre apariencia y realidad, entre lo que oficialmente se decía que éramos (adictos, felices, reconciliados, bien pagados, píos feligreses todos) y tal cómo nosotros nos veíamos en realidad, no tiene por supuesto nada que ver con el glorioso equívoco que propició la locura y forjó la leyenda de don Quijote. Pero son muchas, y todas vigentes, las lecciones que ofrece la obra de Cervantes. Y así, el aprendiz de escritor tomaría buena nota de la primera y más sencilla de todas ellas, esa que dice: Las cosas no siempre son lo que parecen. No lo eran entonces para el valeroso caballero, en aquel siglo tan pródigo en espejismos, y por supuesto tampoco lo son hoy. Sin ir más lejos, las famosas armas de destrucción masiva, por ejemplo, que no hace mucho tiempo algunos casi juraban haber visto, al final resultaron ser un par de zapatos.

    Pero yo me estaba refiriendo a nuestros años de incienso y plomo bajo el palio de la luz crepuscular, aquel tiempo en el que no solamente la prensa y la radio, el Boletín Oficial del Estado y la Hoja Dominical mentían sobre lo que nos estaba ocurriendo, sino que hasta los espejos mentían. Y fue entonces, todavía en años de aprendizaje de quién les habla, cuando la imaginación echó una mirada sobre aquel expolio de la memoria, y le tendió la mano. Era una labor complementaria, en todo caso, porque imaginación y memoria, para el escritor, son dos palabras que van siempre entrelazadas, y a menudo resulta difícil separarlas. Ciertamente un escritor no es nada sin imaginación, pero tampoco sin memoria, sea ésta personal o colectiva, esté proyectada en la novela histórica de fecha más remota, o en la literatura de ficción científica más futurista y fantástica. No hay literatura sin memoria. Incluso la memoria trapacera puede hacer buena literatura. La tan reiterada advocación "hay que olvidar el pasado", lógicamente no se aviene con la naturaleza y la función de la escritura.

    Hay que acotar nuevas parcelas de la memoria, hacer más denso el laberinto, cuidando, pues, de dejar una traza de hilo, como hizo Teseo aquella vez, para poder volver al exterior, y contarlo. Sobre todo, en lo que a mí respecta por lo menos, persistir en la búsqueda de algo, que nunca he sabido definir, pero que tiene que ver, por encima de cualquier otra finalidad, con alguna forma de belleza.

    Juan Marsé.
    Escritor.

    Discurso de aceptación del Premio Cervantes 2008.

  • Taller de lectura 4 de mayo

    El lunes 4 de mayo a las 19,00h nos reunirems para comentar la obra de Luis Leante:



    El hallazgo inesperado de una vieja fotografía hará que Montse Cambra, una doctora de cuarenta y cuatro años, abandone su Barcelona natal para buscar a su primer amor. Comienza así un viaje que la llevará hasta el Sáhara. El afán de supervivencia y la pasión de vivir de un pueblo olvidado en el desierto la ayudarán a descubrir su verdadero destino.

    Mira si yo te querré es una historia de amor que se alarga en el tiempo, el retrato de dos épocas y de dos culturas unidas por un secreto, la aventura de una mujer que descubre lo más importante en la soledad del desierto.

  • reuniones de la asociación de Amigos

    Se reunen los lunes que hay taller de lectura, generalmente una vez al mes. También acuden los primeros lunes de cada mes a trabajos internosd

    La Asociación de Amigos de la B.P.V. que va a cumplir ya 20 años de existencia, piensa que no es conocida lo suficiente y por eso te escribimos con el interés de que puedas primero conocerla y después, al menos, asistir a alguna vez a sus actividades
    Nos dirigimos especialmente a los lectores del Servicio de Préstamo porque pensamos que a ellos y a ellas les gusta leer y comentar libros que les han gustado o temáticas de las que valdría la pena hablar.

    Actividades para animar a la lectura, como Invitación a la lectura (los llamados club de lectura en los que entre los asistentes se va eligiendo un libro de un autor y después se comenta entre todos) del mismo modo que Recitales poéticos, Presentaciones de libros, Celebraciones culturales.

    También publica una revista LINEAS AMIGAS

    Nos gustaría que los lectores de la biblioteca que viven próximos a ella, o que les va algún tema de los que organizásemos pudiesen venir. Para ello en la salida de la biblioteca hay un pequeño tablón de corcho y un panel en el que solemos indicar la actividad, que a veces incluso desaparece la publicidad , de ahí que también te invitemos a preguntar en Mostrador de Información de la biblioteca o que visites nuestra pagina web: http://amigosbiblioteca.blog.com.es/

    De la misma manera los lectores pueden proponer actividades o autores.

    También pueden hacerte socio, es, casi gratuito .: 12 € al año.

    Además de estas realizaciones, la asociación se preocupa por la situación de las bibliotecas y en especial por la nuestra, por aportar la visión de los lectores, y muchos nos dejan en el buzón que esta también a la salida, sus sugerencias y quejas

    Est

  • dia del llibre 2009

  • CONVOCATORIA POESIA SATIRICA EN VALENCIA

    Bases

    La Plataforma de Asociaciones Culturales propone la creación de un premio de poesía satírica con el tema de “Funcionamiento de la Consellería de Cultura”.

    1. Podrán ser objeto de la temática de este premio las diversas actividades que a lo largo del año 2008-2009 se han gestionado desde la Consellería de Cultura (por ejemplo: ¿James Bond en Valencia?, ¿ La vuelta más corta de Fernando Alonso?, ¿”Mercedes” a granel para los políticos?, ¿ La cultura cadavérica y los centenarios difuntos?, ¿Ayudas a los jóvenes escritores? ¿Defensa del patrimonio artístico?, etc.)
    2. Se escribirá un único poema inferior a 50 versos o una prosa poética, máximo medio folio, que será valorado por un jurado de escritores escogido entre los distintos componentes de las asociaciones culturales.
    3. El premio consistirá en 500 euros para el mejor poema o prosa satírica dedicado a la actividad de nuestra Consellería y los eventos en los que ha participado.
    4. Se excluyen los ataques personales y las críticas a los responsables de estas actividades culturales, al entender que las críticas deben referirse a los hechos y no a las personas que los programan.
    5. La fecha de entrega de originales será hasta el 31 de mayo del 2009, y el premio se otorgará en el otoño del año 2009.
    6. Los ejemplares de los poemas o prosas poéticas, que podrán realizarse en ambas lenguas oficiales de la Comunidad Valenciana, habrán de enviarse a cualquiera de las distintas asociaciones culturales convocantes: “Amigos de la Biblioteca”, presidida por Gloria de Frutos. Ateneo Republicano Blasco Ibañez” presidida por Isabel Oliver; “Fundación Manaut” presidida por Stella Manaut; “El Buho” presidida por Juan Luis Bedins; “Poetas del Mediterráneo” presidida por Mariano Peña; “Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios” presidida por Pedro J. de la Peña.
    7. La entrega del premio se celebrará en un acto en la primera semana de diciembre del 2009.
    8. Los autores podrán presentarse con su propio nombre o con pseudónimo, en cuyo caso entregarán junto al poema un sobre cerrado con su nombre, dirección, teléfono y correo electrónico.
    9. No se mantendrá correspondencia sobre las obras no premiadas y los originales que queden sin este galardón serán destruidos sin posterior referencia a sus autores.
    10. La presentación de originales supone la aceptación de las presentes bases y se atendrán a los tribunales valencianos, en caso de polémica sobre el fallo o incumplimiento de las bases expuestas.
    11. Las Asociaciones que convocan se reservan el derecho de dar a conocer el poema o la prosa poética ganadora o en las revistas especializadas, enviarlo a los diversos medios de comunicación hablados y escritos, y publicarlo en las distintas páginas de Internet de las diversas asociaciones firmantes o personas interesadas en su difusión.

    Asociación Amigos de la Bilioteca Pública
    C/ Hospital 13
    46001 Valencia

  • ... Y tambien mujer

    Tomo prestado el título del poemario de Elba Beatriz Gallenti, poeta argentina,para dar nombre al recital poético a cargo de:

    Ana Fernández de Córdova

    Amalia Martínez

    Amparo Santana

    Berna Díaz

    Elena Torres

    Elena Escribano

    Encarna Sant-celoni

    Isabel Moyano

    Lucía Boscá

    Lupe Bohorques

    Mª José Pastor

    Mila Villanueva

    Lunes 9 de marzo de 2009 a las 19,00H.

    Sala Fons Locals

    BIBLIOTECA PÚBLICA DE VALENCIA

    C/ Hospital 13 Valencia

    AMIGOS DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA

  • Club de lectura

    ASOCIACIÓN DE AMIGOS DE LA BIBLIOTECA

    CLUB DE LECTURA

    “EL LECTOR”

    DE
    BERNHARD SCHLINK

    LUNES 23 DE MARZO DE 2009 A LAS 19,00H

    SALA FONS LOCALS

    BIBLIOTECA PÚBLICA DE VALENCIA

    C/ HOSPITAL, 13 - 46001 VALENCIA

  • Carmelina Sanchez Cutillas

    "Jo tindré una mort incolora, com un riu antic sense baladres". Así empieza uno de los poemas de Els jeroglífics i la pedra de Rosetta (Valencia, 1976), el mejor de los poemarios de Carmelina Sánchez-Cutillas (Madrid, 1927), en opinión de algunos compañeros y críticos, como Lluís Alpera o Jaume Pérez Montaner. La escritora, figura clave en la literatura en lengua propia de postguerra, falleció el pasado domingo en Valencia, esa ciudad que tanto amó y que "no la ha reconocido todo lo que se merecía", como señalaba ayer su hija, la periodista María Luisa del Romero. Su entierro tendrá lugar esta mañana en el Cementerio General de Valencia.
    Sánchez-Cutillas se retiró de la vida literaria a principios de los años ochenta en silencio. "Es un misterio -comenta Alpera, quien en 1997 preparó la edición de su poesía completa-; se lo pregunté más de una ocasión".
    Fue después de publicar el Llibre d'amic e amada (1981) sin demasiada notoriedad. "Se autoexilió, como María Beneyto. Creo que desembocó en cierto escepticismo tras la escasa repercusión de esta obra", comentó ayer Alpera a Levante-EMV. Lazos familiares, cuestiones de independencia intelectuales fueron otros factores para el silencio, según quienes la trataron entonces.
    En opinión de su hija, simplemente "se cansó de ver el ambiente de aquí. Con más estímulo, creo que hubiera escrito más".
    Son las consecuencias de escribir desde "la periferia de la periferia", afirma el profesor de la Universitat de València Pérez Montaner. "En otras culturas se hubiera hablado mucho de ella", agrega. Y así, ella, que "no se preocupó de publicitarse ni de introducirse en ningún lugar", cuenta su hija, con la misma elegancia se apartó a su vida de familia. De familia de la alta burguesía local.
    Elegancia, originalidad, vitalismo, erudición, ironía (con sus dosis de causticidad) fueron términos repetidos ayer en quienes evocaron su figura. Y además era mujer en un mundo de hombres; la amiga de Sanchis Guarner -uno de los que la impulsó a escribir-, Joan Fuster o Vicent Andrés Estellés era una de las pocas junto a Beneyto y Beatriu Civera.
    "Su elegancia, clase social y y sensibilidad hacían de ella un personaje singular entre la gente que se dedicaba a la literatura catalana en Valencia", asegura el editor Eliseu Climent.
    3i4 publicó las que son posiblemente sus dos obras más importantes: Els jeroglífics y la novela Matèria de Bretanya, ganadora del Andròmina en 1975, un auténtico boom en su momento con más de 20.000 ejemplares vendidos, en el que rememoraba su infancia en Altea. Josep Iborra dijo hace unos años que era nuestra Mercè Rodoreda, por sus paralelismos vitales y literarios.
    Sánchez-Cutillas, historiadora, colaboró también en el suplemento cultural Valencia, que este diario editó entre 1954 y principios de los 70, y publicó varios ensayos históricos.
    La autora dejó escrito en Matèria de Bretanya: "Cascun any en tornar al poble a l'estiu, tenia por que els amics s'haguessen oblidat de mi, aquells amics petits com jo, que corrien per les costeres descalços i sense adonar-se'n de les pedres del sòl. Els amics humils que jo admirava tant, i els quals mai no van tenir enveja de mi". Evoca bastante sobre su trayectoria.

    Diario Levante 24-2-2009

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